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Realidad digital Vs Legislación laboral

originalLa empresa en España no acaba de encontrar mecanismos eficientes que le permitan responder a un mercado cada vez más agresivo, competitivo y lleno de riesgos. Rigidez, falta de adaptación a las necesidades empresariales, confusión y reformas laborales inadecuadas son algunas de las quejas que se dirigen contra una legislación laboral que presenta innumerables carencias a la hora de responder ante los incesantes y trascendentales cambios que han modificado sustancialmente los hábitos laborales en los últimos años.

Pensando en la fábrica

Buena parte del problema radica en una legislación laboral orientada a la fábrica, pensada para una cadena de montaje propia del “Fordismo” o del Taylorismo de la segunda revolución industrial.

En este contexto, los cambios laborales se han orientado históricamente a modificar los tipos de contratación o reducir el coste del despido, pero no a favorecer una flexibilidad productiva que dé respuesta a las necesidades del mercado. Es cierto que las últimas reformas laborales han desarrollado mecanismos de flexibilidad interna, permitiendo la distribución irregular de la jornada, la modificación de las condiciones de trabajo como alternativa al despido o la potenciación del convenio colectivo de empresa. Pero, a pesar de todo esto, seguimos hablando de reformas pensadas para un entorno básicamente industrial.

La ruptura digital

El trabajo ha cambiado en los últimos 10 años más que en todo el siglo XX, y la causa se encuentra en la que ya se denomina Cuarta Revolución Industrial, la “Revolución Digital”. Internet ha transformado el trabajo como no lo había hecho ningún otro descubrimiento desde la máquina de vapor o la producción en cadena. La red trae consigo la descentralización productiva, la posibilidad de que cada vez un mayor número de empleos se puedan realizar “anywhere and anytime”. La fábrica, entendida como centro de trabajo donde se ejecuta la actividad laboral bajo la vigilancia del empresario, pierde cada día más fuerza.

Con la “Revolución digital” estamos asistiendo al surgimiento y expansión de nuevos perfiles laborales: el autónomo económicamente dependiente, el agente o el arrendador de servicios, por ejemplo. Nos encontramos ante lo que ya se denomina “Uber economy”, que, en no pocas ocasiones, colisiona contra una legislación laboral incapaz de proteger los derechos de los trabajadores dentro de la nueva economía.

Por otra parte, la explosión de las redes sociales trae consigo nuevos cauces de comunicación entre empresario y sus trabajadores y clientes, fragmentándose la relación de control y poder vigente hasta nuestros días.

Necesidad de protocolizar las relaciones laborales

Lo cierto es que el actual Estatuto de los Trabajadores es incapaz de dar respuesta a estos retos. En este sentido, resulta sorprendente que en su texto se dediquen apenas 10 líneas a analizar el trabajo a distancia, o poco más de 2 a estudiar el poder de dirección empresarial. Por el contrario, el Estatuto dedica páginas enteras a analizar los contratos de trabajo tradicionales. La inmensa mayoría de los convenios colectivos también son ajenos a la “Revolución Digital”.

Ha sido el Tribunal Supremo el que en diversas sentencias ha exigido a las empresas protocolizar sus relaciones laborales como respuesta a los retos del trabajo actual. Sin protocolos, el poder de dirección en un entorno digital se diluye. El trabajador, tal y como recuerda el Supremo, disfruta de una “expectativa de intimidad” y tiene derecho “a la protección de sus datos de carácter personal”. En consecuencia, solo mediante normas internas y protocolos que regulen el uso de los equipos informáticos, internet, las redes sociales, las cámaras de vigilancia, los sistemas de geolocalización o el correo corporativo, la empresa podrá ejercer un control digital del trabajador.

Todos estos protocolos deben encajar en el Código Ético, que cobra cada día más relevancia en las compañías y organizaciones como reflejo de su compromiso ante los “stakeholders” y la sociedad en su conjunto. El incumplimiento del Código Ético, tal y como ha sucedido recientemente en una importante empresa farmacéutica, es causa suficiente para rescindir disciplinariamente un contrato de trabajo.

Ahora bien, sin protocolos y sin códigos las compañías están desarmadas ante la “Revolución Digital”, pues la legislación laboral es incapaz de dar respuesta a esta situación. Ha llegado la hora de crear un nuevo marco de relaciones laborales que concilie los derechos y deberes de los trabajadores con las necesidades operativas y reputacionales de la empresa en un entorno digital caracterizado por la inmediatez y la complejidad.

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About Fabián Valero Moldes

Fabián Valero Moldes (Vigo, 1975). Soy Licenciado en Derecho y abogado en ejercicio desde el año 2006. Me dedico a la abogacía y la consultoría, y soy especialista en Derecho del Trabajo, Seguridad Social y personal al servicio de las Administraciones Públicas. Colaboro con el Departamento de Derecho del Trabajo de la Facultad de Ciencias Jurídicas y del Trabajo de la Universidad de Vigo, pero también con medios de prensa nacionales y autonómicos y con editoriales especializadas como Francis Lefevre. Creo y defiendo que la Justicia es uno de los derechos fundamentales más importantes del ser humano. Si quieres localizarme escríbeme un email: fvalero@nexolaboral.com

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